- abril 2, 2025
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- Fernando López
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«Satoshi Nakamoto está vendiendo sus bitcoin»
Gary Stevenson, el genio del trading que forjó una fortuna en Citibank antes de cumplir 23 años, lanza una advertencia inquietante: Satoshi Nakamoto, el arquitecto de Bitcoin (BTC), podría estar deshaciéndose sigilosamente de su riqueza digital, colocando a millones de inversionistas al filo de un abismo económico.
Según el ex-trader, Satoshi, quien se calcula posee cerca de un millón de bitcoins—equivalentes a 87 mil millones de dólares al precio actual—podría estar tejiendo una estrategia meticulosa para abandonar el mercado sin desatar un caos inmediato. “Si yo fuera Satoshi, liquidaría mis activos gradualmente, sosteniendo el precio con movimientos discretos, incluso avivando la burbuja con relatos como ‘Bitcoin es la moneda del mañana’”, declaró Stevenson.
En su visión, esta maniobra permitiría al creador de Bitcoin transmutar sus ganancias virtuales en bienes reales como oro o propiedades, dejando a los inversionistas minoristas aferrados a una quimera a punto de estallar. Así, Stevenson, con la astucia de un estratega forjado en los mercados, bosqueja lo que considera un plan magistral.
«Si yo encarnara a Satoshi Nakamoto, inflaría artificialmente el precio de Bitcoin para crear una burbuja modesta. Luego, vendería por partes, sembraría campañas para seducir a más jóvenes ilusos y seguiría vendiendo, atrayendo aún más soñadores. Incluso podría financiar una cruzada presidencial para comprar influencias gubernamentales. Esto, amigo, es un engaño colosal, la mayor estafa que mis ojos han presenciado».

La idea de “comprar influencias gubernamentales” que insinúa Stevenson parece señalar la postura pro-Bitcoin de Donald Trump, quien en su campaña defendió las criptomonedas como un escudo contra la inflación y el yugo estatal. Ya como presidente, Trump ha dado un paso audaz, firmando una orden ejecutiva para establecer una reserva estratégica de Bitcoin en Estados Unidos, un gesto que muchos celebran como la consagración del oro digital, pero que Stevenson interpreta como el eco de una manipulación urdida en las sombras por alguien como Satoshi, inflando el valor para su propio provecho antes de esfumarse.
En este tablero de ilusiones, según lo pinta Stevenson, Satoshi convertiría un código efímero en riqueza concreta, abandonando a los pequeños inversionistas a un destino de cenizas y promesas rotas.
El autor de *The Trading Game* equipara el ascenso de Bitcoin a un “baile de sillas sin fin”, donde el valor depende únicamente de la especulación y los caprichos humanos. “No tiene sustancia real. No es oro, no produce ingresos. Es apenas un destello en la red que la gente decidió venerar”, afirmó.
Para el trader de Citibank, Bitcoin no es más que una estafa
«Si yo fuera Satoshi Nakamoto, mi meta sería acumular la mayor cantidad de Bitcoin posible, llevando esta moneda ficticia a las manos de jóvenes esperanzados globalmente. Les haría pagar con su dinero tangible y luego canalizaría esas ganancias al mercado de valores», reiteró.
Aunque no ofrece evidencia sólida de actividad en las billeteras ligadas a Satoshi—que, según registros públicos, permanecen inmóviles—Stevenson sostiene que no la requiere. “Como trader, solo arriesgo mi capital si estoy absolutamente seguro, y de esto estoy convencido: Bitcoin es una burbuja al borde del colapso”, proclamó. Propone que Satoshi podría estar empleando tácticas avanzadas, como derivados o préstamos en criptomonedas, para desprenderse de sus activos sin huellas visibles en la blockchain.
Sin embargo, su hipótesis tropieza con un detalle crucial: según Arkham Intelligence, las más de 22.000 direcciones vinculadas al Patoshi Pattern de Satoshi Nakamoto, con un saldo de 1.096.354 BTC, no han mostrado actividad en 16 años, lo que demuestra su quietud en la red pública de Bitcoin.
Para que Satoshi liquidara sus bitcoins, tendría que moverlos, algo que los registros de sus monederos asociados desmienten, sugiriendo que no está vaciando su fortuna como Stevenson conjetura.
La única posibilidad sería que Satoshi hubiera cedido sus claves privadas a otra entidad—un banco o un gobierno—permitiendo que alguien más accediera a esos fondos sin reflejarlo en la cadena de bloques. Pero esto requeriría una cartera secundaria con menos BTC, lo bastante discreta para evadir el radar, una idea que parece frágil ante el escrutinio implacable sobre las transacciones de Bitcoin.

Aun así, Stevenson predice que el valor de Bitcoin se desplomará a cero, un desenlace que ve como ineludible. Está persuadido de que los titanes del juego, incluido Satoshi, ya maniobran para saltar del barco. Su perspectiva, moldeada por la opulencia y el desencanto, va más allá: augura que el colapso no será solo de Bitcoin, sino de la economía global, un sistema que juzga irreparable tras años de desenfreno.
No obstante, su admonición se estrella contra las voces del ecosistema Bitcoin. Líderes como Michael Saylor y Samson Mow también alertan sobre un derrumbe económico, pero lo achacan a la emisión desmedida de dinero fiat por los gobiernos, que dispara la inflación y erosiona su valor. Para ellos, Bitcoin no es una burbuja, sino un refugio, un oro digital preciado por su escasez y autonomía, inmune a los tejemanejes de los bancos centrales.
Así, mientras Stevenson retrata a Satoshi como un oportunista que explota esta fe, los defensores de Bitcoin lo veneran como el artífice de la liberación financiera. Para unos, es un visionario; para Stevenson, un calculador que ya recoge sus frutos antes del inevitable ocaso.
Persiste la incógnita que resonaba hace 16 años, cuando Nakamoto presentó esta pionera moneda digital: ¿es Bitcoin el preludio del fin o la chispa de esperanza en un mundo al borde del precipicio? Solo el tiempo tendrá la última palabra.